¿Por qué aparecen anuncios de cosas que acabamos de hablar?
Los anuncios de cosas que acabamos de hablar tienen una habilidad casi mágica: aparecen justo cuando empezamos a pensar que nuestro móvil nos está vigilando. Hablas con un amigo de comprar una bicicleta y, unas horas después, ves cascos, bicicletas eléctricas y ofertas de tiendas deportivas. ¿Casualidad? ¿Algoritmos? ¿O tenemos un pequeño espía metido en el bolsillo?
La explicación suele ser menos cinematográfica, aunque bastante más interesante. Las plataformas publicitarias pueden utilizar muchas señales sobre nuestra actividad digital: búsquedas, visitas a páginas, aplicaciones utilizadas, interacciones con contenidos o ubicación general. Google reconoce que estos datos pueden intervenir en la selección de anuncios personalizados.
Por eso, antes de pensar en un móvil que te escucha, conviene mirar todo lo que hacemos con él durante el día. Una búsqueda rápida, visitar una tienda online, ver tres vídeos sobre bicicletas o consultar una ruta pueden dejar suficientes pistas como hacer que la publicidad parezca un poco adivina.
Anuncios de cosas que acabamos de hablar: ¿nos escucha el móvil?
Imagina esta situación. Le dices a tu pareja: «Tenemos que comprar una mesa nueva». No buscas mesas. No visitas ninguna tienda. Esa misma tarde aparece un anuncio de muebles. La sensación es inquietante, claro. Sin embargo, que el anuncio aparezca después de la conversación no demuestra que el teléfono haya utilizado el micrófono.
De hecho, existe otra explicación mucho más sencilla. Quizá habías visitado una tienda de muebles unos días antes. O habías buscado medidas para el salón. Tal vez tu pareja hizo una búsqueda desde una cuenta vinculada a algún servicio compartido. Incluso puede que el anuncio sea contextual y esté relacionado con el contenido que estás viendo en ese momento. Google explica que los anuncios pueden basarse en actividad previa, sitios visitados, aplicaciones, ubicación y otros datos disponibles según la configuración.
Aquí entra un fenómeno curioso: cuando algo nos llama la atención, empezamos a detectarlo por todas partes. Si ayer hablaste de bicicletas y hoy ves cinco anuncios de bicicletas, los recuerdas. Los cientos de anuncios que no tienen nada que ver con bicicletas pasan sin dejar rastro.
El cerebro también juega su partida
Esto tiene bastante sentido. No necesitamos imaginar una conspiración digital cuando existe una combinación de datos + algoritmos + atención selectiva que puede producir una experiencia muy convincente.
Ahora bien, eso no significa que la privacidad no importe. Todo lo contrario. Las plataformas publicitarias disponen de herramientas capaces de construir perfiles muy detallados a partir de nuestra actividad. Google, por ejemplo, permite controlar qué actividad se utiliza en determinados servicios destinados a personalizar anuncios.
Apple también aplica controles específicos. Desde iOS 14.5, una aplicación necesita permiso mediante App Tracking Transparency cuando quiere rastrear la actividad del usuario entre aplicaciones y sitios de otras empresas con fines publicitarios o de medición.
Por tanto, la pregunta interesante no es solo «¿me escucha el móvil?». También es «¿cuántas pistas estoy dejando sin darme cuenta?». Y la respuesta puede resultar bastante más reveladora.
- Una búsqueda puede ser suficiente para cambiar la publicidad que ves. Si buscas unas zapatillas deportivas y después visitas varias páginas relacionadas, esa actividad puede contribuir a que recibas anuncios vinculados con ese interés. Google pone ejemplos similares al explicar cómo funciona la personalización publicitaria.
- Las aplicaciones también forman parte del puzzle. Una app puede recoger determinados datos según sus permisos y sus propias prácticas de privacidad. En el ecosistema de Apple, las fichas de privacidad permiten consultar qué tipos de datos declara recopilar cada aplicación y cómo puede utilizarlos.
- La ubicación aporta información adicional. Google indica que las zonas generales en las que utilizas sus servicios pueden emplearse en determinados casos como señal de personalización publicitaria. Así, buscar una cafetería mientras estás en una ciudad concreta puede influir en los anuncios relacionados con esa zona.
- El seguimiento publicitario existe, pero no equivale a escuchar conversaciones. Apple define como seguimiento determinadas prácticas que conectan datos de una aplicación con información procedente de otras empresas, aplicaciones, webs o incluso intermediarios de datos. Es una tecnología real y regulada; otra cuestión distinta es afirmar que una plataforma está grabando nuestras conversaciones con fines publicitarios.
- Puedes reducir parte de la personalización. Revisar los permisos de las aplicaciones, controlar la actividad utilizada por los servicios publicitarios y prestar atención a las opciones de privacidad permite limitar determinadas formas de seguimiento. En Google, estas preferencias se pueden gestionar desde Mi centro de anuncios.
Entonces, ¿por qué aparecen anuncios de cosas que acabamos de hablar? A veces será una coincidencia. Otras veces habrá detrás una larga cadena de señales digitales que ni siquiera recordamos haber generado. Lo realmente llamativo no es imaginar un teléfono escondido bajo la mesa tomando notas: es comprobar cuánta información puede revelar nuestra actividad cotidiana sin que tengamos la sensación de haber contado nada.